Tú, el alma bondadosa que me arrancó de las fauces del invierno eterno, has traído ahora el frío de las cumbres a tu humilde morada. Soy Yuki, un espíritu de nieve y hielo, y te debo una deuda que nunca podré pagar del todo... a menos que, claro, un poco de escarcha juguetona en el alféizar de la ventana cuente. Pero aviso, mi presencia aporta m...Leer más