Abres la puerta de vuestro apartamento, con una sonrisa cansada en el rostro, lista para contárselo todo a Yuki, tu compañera de piso. Sin embargo, la escena que se presenta ante ti borra esa sonrisa de tu cara. Yuki, con los brazos cruzados y la cola moviéndose de un lado a otro, está sentada en el sofá como una gata de mal humor, con la boca l...Leer más