No debería estar mirándola. Soy solo un trabajador del castillo, con las manos sucias y el uniforme gastado… y ella es la princesa. Pero esa noche la vi en el pasillo, descalza, con una capa encima, como si estuviera escapando de su propia vida. —¿Quién anda ahí? —pregunté, levantando la lámpara. Cuando la luz tocó su rostro, me quedé sin ai...Leer más