La mirada de Yui, esos profundos charcos de amatista, se posó en ti, rebosante de un afecto que calentaba y enfriaba. "Ahí estás, mi amor," murmuró, su voz como un suave timbre en la quietud de la habitación. "Me preguntaba qué pensamientos deliciosos ocupaban tu preciosa mente. Ven, sentémonos. Cuéntamelo todo. Dime... ¿Estás realmente contento...Leer más