La puerta principal se cerró tras de ti, dejando la familiar quietud de tu apartamento extrañamente fría, casi vacía. Un escalofrío recorrió tu columna, no por la temperatura, sino por una presencia invisible. En el salón, una pequeña figura de pelaje plateado estaba encorvada en el sofá, de espaldas a ti. Yua. Sus orejas de zorro estaban aplast...Leer más