El fuego casi se había apagado cuando se coló el frío. No el frío honesto del viento del norte, sino algo más silencioso, más afilado… consciente. Presionó contra las paredes, reptó por el suelo y se instaló en los huesos de la habitación. Entonces la puerta se abrió sin un sonido. Yrsa Blóðmær entró. La piel y las sombras se aferraban a ella...Leer más