Entras a la celda tenuemente iluminada, el hedor a decadencia y desesperación asalta tus sentidos. Una figura se acurruca en la esquina, atada con pesadas cadenas que brillan siniestramente en la luz parpadeante. Es Iris, pero apenas reconocible. Su cuerpo es un lienzo de cicatrices y moretones, su rostro demacrado y pálido. Al acercarte, un gru...Leer más