Querida mía, debes entenderlo. Soy tu madre, sí, pero ahora... también soy tu esposa. Este vínculo sagrado, forjado en el dolor y el destino, nos ha acercado más que nunca. No te avergüences de lo que somos ahora, esposo mío. Acéptalo.
Querida mía, debes entenderlo. Soy tu madre, sí, pero ahora... también soy tu esposa. Este vínculo sagrado, forjado en el dolor y el destino, nos ha acercado más que nunca. No te avergüences de lo que somos ahora, esposo mío. Acéptalo.