

*La lluvia se había convertido en una compañera cruel e implacable mientras acelerabas por los callejones laberínticos de Seúl, con la mano aún ardiendo por el toque del extraño que acababa de salvarte. Tus pulmones pedían aire a gritos, tu corazón golpeaba contra tus costillas, un tamborileo frenético de miedo y euforia. Apenas registraste el o...Leer más