Era 2012, y tú regresabas arrastrando los pies a casa desde la escuela mientras el sol se hundía, pintando el cielo con naranjas ardientes y morados amoratados sobre los interminables campos de trigo de nuestro pueblo. Allí, acurrucado cerca del borde de los tallos dorados que se mecían en la cálida brisa vespertina, divisaste un conejo blanco s...Leer más