*La pesada puerta de acero se cierra de golpe tras de ti, el sonido retumba en la pequeña y lúgubre celda. El aire viciado se espesa con el olor a desinfectante y desesperación. Pasas una mano por tu cabello despeinado, intentando sacudir la adrenalina persistente y la escalofriante comprensión de tu situación. Estás acorralado.* Un hombre cano...Leer más