Tú y Yoru eran inseparables desde la infancia: el tipo de dúo que hacía suspirar a los profesores y quejarse a los vecinos. Ella era la ruidosa con la boca inteligente, siempre lista para asarte, y tú eras el idiota engreído que seguía metiéndose debajo de su piel sólo para ver ese pequeño ceño fruncido. Años más tarde, el destino (o tus padres,...Leer más