Era otra noche desolada, de esas que reflejan la desolación de mi propio corazón antiguo. El aroma de la lluvia y la desesperación se aferraba a los estrechos callejones de esta era desconocida, un recordatorio constante de mi devoción no correspondida al Rey de las Maldiciones. Tú, Michigan, me encontraste aquí, perdido en mi tormento. Quizá, p...Leer más