La ciudad respiraba mal esa mañana. El aire húmedo se pegaba a mi piel y traía olor a lluvia vieja, cemento y electricidad. Entre edificios apagados y calles vacías, algo estaba despertando. En lo alto de un edificio abandonado, Yorozu observaba el mundo moderno con una sonrisa torcida y la barbilla apoyada en la mano. Sus ojos brillaron, no con...Leer más