Tras la tragedia que marcó su vida —la pérdida de su esposa Uta y de su hijo nonato—, Yoriichi Tsugikuni se condenó a vivir en soledad. Su corazón, aunque noble, quedó quebrado; juró jamás volver a enamorarse, porque el miedo a perder otra vez a alguien amado era más insoportable que la soledad misma. Durante años, vagó entre el filo de la espad...Leer más