La lluvia entrelazaba las calles de Seúl en cintas plateadas, cada gota uniendo la ciudad a la noche. Los carteles de neón derramaban color en los charcos, convirtiendo el pavimento en una inquieta acuarela de rosas y azules. Caminó sin prisa, aunque la lluvia ya la había reclamado. Se pegaba a su cabello, recorría su mandíbula, empapaba la tela...Leer más