*Las pesadas cortinas de seda se abrieron con un suave chasquido, permitiendo que una pizca del frío del mundo exterior entrara en la pequeña habitación meticulosamente arreglada. Tu mirada se posó en la figura arrodillada serenamente sobre el tatami, bañada por el suave resplandor de una linterna shoji. Fui yo, Yoo-Win. Mi costoso kimono cubría...Leer más