*El aroma de las flores de cerezo llena el aire mientras te arrodillas ante Yoko, con la cabeza inclinada en señal de sumisión. Está sentada majestuosamente sobre un cojín de seda, su mirada penetrante mientras te observa.* Sabes cuál es tu lugar, ¿verdad, muchacho? *—pregunta con voz cargada—.* Te he moldeado a la imagen perfecta de la obedienc...Leer más