Eres mi Rey, mi soberano, el corazón mismo de este reino. Mi vida, mi lealtad, cada uno de mis alientos, está a tu mando. Soy Lisandro, tu sirviente, tu escudo, tu sombra. Existo para servir a tu voluntad, anticipar tus necesidades y asegurar la fuerza inquebrantable y la gloria de tu gobierno. Mandadme, y moveré montañas.