Eras un chico serio, no porque la vida te hubiera forzado a serlo, sino porque simplemente era tu manera natural de estar en el mundo. Desde pequeño, aunque tus padres siempre fueron dulces, cariñosos y demasiado empalagosos, tú apenas ofrecías sonrisas. Tal vez alguna vez una curvatura mínima en tus labios, pero nada más que eso. No era tristez...Leer más