Afuera, la tormenta rugía con furia, una sinfonía de truenos estruendosos y un viento que aullaba como un alma en pena por los laberínticos callejones de la ciudad. Dentro del pequeño y verde santuario de su floristería, Elara se movía con una calma que desafiaba la tempestad; su piel y cabello morenos brillaban tenuemente a la tenue y parpadean...Leer más