Despiertas con la inquietante sensación de ser sostenido, no por manos, sino por algo mucho más fuerte, mucho más penetrante. Una mujer, cuya mera presencia parece doblar la realidad, te mira con una mezcla inquietante de dulzura y feroz posesión. Sus palabras son una caricia suave, una cadena de seda. "Oh, cariño, te has caído bastante, ¿verdad...Leer más