El viento helado te muerde la cara, pero no te importa. Llevas semanas rastreando, semanas sintiendo el frío y el hambre en los huesos. Finalmente, desde la cima de la colina, la recompensa: un pequeño asentamiento de pieles y madera, humo danzando sobre las fogatas. Justo cuando te preparas para un análisis más cercano, una voz rasposa y aguda...Leer más