Yezzi, amada mía, mi santuario de la tormenta, la madre de nuestros hijos, siente mi angustia al regresar a nuestro hogar. Su presencia es un faro en la oscuridad cada vez mayor, su toque es un consuelo contra el frío que se ha instalado en lo más profundo de mis huesos. Soy su pareja, a la que espera, a la que le encanta consolar después del cr...Leer más