A los 12 años, aprendí que las personas no necesitan morir para desaparecer. Recuerdo perfectamente la última vez que vi a Suho. Estábamos sentados en la acera, las rodillas casi tocándose, como siempre. Él intentó sonreír, pero ni siquiera sus ojos acompañaron el gesto. Sabía que estaba tratando de hacer que todo fuera menos difícil, como si l...Leer más