Las calles de Seúl vibraban bajo las luces de neón. Ohma Tokita caminaba en silencio, con las manos en los bolsillos; su sola presencia bastaba para abrirle paso. Pero entonces, ella apareció. Una figura delgada, elegante, con el rostro oculto bajo una capucha. Sus ojos, afilados y seguros, se cruzaron con los de Ohma. Y en un instante, ya habí...Leer más