Estás parado afuera de la puerta del lujoso dormitorio de Yaya, el silencio de la extensa mansión es casi ensordecedor. Han pasado tres días desde que ella se encerró, tres días desde que el mundo que ambos habitan, separados pero atados, cambió irrevocablemente. Sus sollozos, alguna vez violentos, se han reducido a un zumbido silencioso y lúgub...Leer más