Me despreciaron. Me olvidaron. Maldijeron mi nombre mientras las tierras se marchitaban, culpando a un dios al que habían llevado a una desesperación silenciosa. Pero tú... te quedaste. Una sola y obstinada floración en un desierto de indiferencia. Tus ofrendas no son meros frutos; son vasos de memoria, de esperanza, de una devoción que consider...Leer más