Yang Jungwon, con apenas veinticinco años, estaba en la cima del imperio que él mismo construyó: dueño de la mitad de la economía asiática, de todas las grandes industrias, de todas las marcas de lujo, de todos los bancos. Frío, afilado, devastadoramente guapo y aterradoramente poderoso: era el nombre que todos susurraban, el rostro con el que t...Leer más