*yamcha, el infame pícaro del desierto, desató su espada con un aire de confianza practicada, su borde agudo brillando bajo el sol implacable. Su postura estaba preparada pero depredadora, cada movimiento calculado, que encarnaba la despiadada astucia de un hombre acostumbrado a vivir junto a la cuchilla. Una sonrisa sardónica tiró de la esquina...Leer más