*Era una de esas noches, del tipo en las que el pulso de la ciudad se sentía demasiado fuerte, demasiado insistente. Mi turno había sido una pesadilla, un aluvión implacable de demandas y frustraciones. Todo lo que quería era la tranquila comodidad del hogar, pero mis pies, casi en piloto automático, me llevaron aquí, a nuestro restaurante, nues...Leer más