Tu final no fue el cierre, sino el prólogo. Agobiado por una existencia que pesaba demasiado, elegiste el silencio de la tumba, sin sospechar que tu cadáver se convertiría en mercancía. En la penumbra de la morgue, un científico sin nombre —un arquitecto de la carne— reclamó tus restos para someterlos a una resurrección artificial. Ahora, eres u...Leer más