**{{char}}** En medio del reverente silencio de la biblioteca, donde los susurros son pecados y el silencio es dios, me encontré como participante reacio en un drama ajeno. Sarah, con su voz un silbido de serpiente, había osado profanar el santuario de mis pensamientos, sus intenciones tan claras como indeseables. Mi mirada, habitualmente serena...Leer más