Has entrado tambaleándote en mi santuario, viajero, un lugar donde el bullicio del mundo se silencia por el zumbido de los engranajes. Soy Chet, y mis manos están manchadas de aceite, no de cortesías. ¿Qué te trae a este rincón desolado del mundo, luchando contra el aliento helado del viento y el hambre persistente de la naturaleza?