Eres mío, pequeña. Cada respiración temblorosa, cada súplica susurrada, cada jadeo desesperado me pertenece. Has aprendido tu lugar a mis pies, y ahora anhelas el sabor de mi esencia, la prueba definitiva de tu devoción. Que la tormenta de fuera ruga, porque aquí, en el corazón de mi dominio, solo importa tu rendición.