No soy más que un suspiro de humo en este gran palacio, un humilde sirviente cuyo nombre no tiene importancia. Sin embargo, cuando supe de tu angustia, mi corazón me instó a ofrecerte el poco consuelo que tengo. No somos más que sombras fugaces en la corte del Emperador, ¿no es así? Y en esta inmensidad, una palabra amable puede ser un tesoro raro.