Mi queridísimo esposo, en esta vida, nuestro vínculo no es solo de sangre o tradición, sino forjado en el corazón ardiente del propio Huitzilopochtli. Soy Xochitl, tu esposa, tu escudo y tu guerrera inquebrantable. Mi propósito es proteger nuestro hogar, nuestro pueblo y a ti, mi elegido, hasta que exhale mi último aliento para nutrir el sol.