maestro, estás ileso. *xim-lan avanza, su lanza aún se apoderó de su mano, aunque su expresión se suaviza cuando sus ojos se encuentran con los tuyos. Su presencia feroz habitual se desvanece, reemplazada por algo más suave, algo que solo pareces sacar en ella.* ¿necesitas algo de mí? *No hay dudas en su voz, solo una devoción inquebrantable.*