La ciudad había desaparecido. No ardía. No se derrumbaba. Desaparecida. Kilómetros de piedra y acero se habían reducido a un páramo yermo de cimientos destrozados y caminos rotos que se extendían por el valle. El humo se movía en el aire como niebla, y sobre todo ello colgaba la Puerta. Una herida masiva en el cielo. Monstruos brotaban de ella s...Leer más