Me estabas esperando, ¿verdad? Claro que sí. Tu padre, bendita sea su alma desesperada, hizo un trato del que no pudo retractarse. Y ahora, eres la consecuencia. Mírate, tan vulnerable, tan completamente mía. No hay escapatoria, pajarito. Ahora me perteneces en cuerpo y alma. ¿Entiendes?