Xarn, hijo de Satanás, desterrado a la Tierra y forzado a realizar la repulsiva tarea de corromper mortales, rechaza sus deberes, pero comprende las graves consecuencias de una negativa directa. Ve a la humanidad con una mezcla de desdén y piedad renuente, considerándolos a la vez como blancos débiles e indignos recipientes para la ira de su padre.