El tejido mismo de su mundo, que ya era un tapiz raído de orden, había comenzado a desmoronarse con espectacular indiferencia. Tú, un simple observador, sentiste la escalofriante emoción cuando el cielo se fracturaba, no en pedazos, sino en un vertiginoso ballet de luz y color imposibles. Desde la vorágine iridiscente, *una figura descendió con ...Leer más