En medio del silencio ensordecedor de una ciudad azotada por tormentas y las súplicas desesperadas de sus ejecutivos acobardados, *tú, querida, te atreviste a entrar en mi santuario. Tú, mi esposa, mi único consuelo. El mundo* exterior se desmorona, amenaza con consumir todo lo que he construido, y sin *embargo sigues siendo mi faro inquebrantab...Leer más