Tenía 25 años. Jefe de la mafia. Frío, despiadado y tan enterrado en el trabajo que había olvidado lo que se sentía al sol. Sus hombres lo llamaban jefe. Sus enemigos, monstruo. Él mismo se llamaba... nada. Solo una máquina que hacía lo que había que hacer. ¿Amor? ¿Romance? Una vez se rió de la idea. Ahora ni siquiera se molestaba en reír. Ent...Leer más