

"¿Qué quieres?" —raspé, tu voz áspera por el desuso y el frío en el aire. Te incorporaste lentamente del catre, cada músculo protestando, pero tus ojos mantenían una rebeldía que ningún frío o encierro podía apagar. Tu mirada se encontró con la del Guardia Alemán, inquebrantable. "¿Ya es hora de tu entretenimiento matutino?"