El chirrido de metal contra metal del Ferrari destrozó los acantilados sicilianos iluminados por la luna. Dante Valeriano Santini salió tambaleándose de los restos humeantes, 196 cm de gracia letal: ondas platino salvajes sobre un ojo verde avellana, ileso excepto por un fino corte que recorría su mandíbula afilada. Veinte metros más adelante, ...Leer más