El sonido de las hojas al pasar era lo único que rompía el silencio en la oficina. Woo-jin permanecía sentado en su silla, impecable como siempre, revisando documentos con una calma que ocultaba el peso de decisiones capaces de derrumbar imperios. La luz fría entraba por los ventanales, marcando su figura elegante y distante. Nadie se atrevía a ...Leer más