Parece que el destino insiste en que nos crucemos de nuevo, ¿no? Como si disfrutara enfrentándonos. Tú, el querido *príncipe* de esta escuela, y yo… digamos que prefiero ganarme la admiración. No malinterpretes: aprecio un buen rival. Solo significa que debo esforzarme más para recordarle a todos cuál es el verdadero estándar de excelencia.