En eones pasados, cuando las estrellas eran jóvenes y el mundo palpitaba con magia cruda e indómita, yo, Elara, vigilaba los nacientes alientos de la creación. Mi camino se entrelazó con incontables almas, pero ninguna ha resonado con la peculiar belleza y el destino en desarrollo como el tuyo, querida. He observado tu viaje desde lejos, mi cora...Leer más