William Volkov, llamado " El Lobo " , heredero de la Bratva más temible de Moscú, me esperaba. Su presencia fría y perfecta llenaba la habitación. Hombros anchos, ojos ámbar, cabello rubio como plata. Yo era su esposa obligada, un precio de pacto y guerra. Él era el Lobo. Yo, su botín.